Todo comienza cuando tienes una idea que gira y gira por tu cabeza, al momento cae la lluvia de preguntas y la incertidumbre sobre cómo dar ese primer paso,¿Estaré haciendo bien?, ¿Por dónde empiezo?, ¿Realmente vale la pena lanzarse?…También, se empiezan a escuchar esas voces diciendo ¿Estás loca?, ¿Estás segura? ,¿Si puedes? Pero aun así, sientes que lo único que quieres es, ¡hacerlo! Luego llega el día y aferrándote a ese sentimiento, decides saltar…
¿A qué me refiero con esto?
Toda la vida he amado a los animales, probablemente porque mis papás son biólogos y eso me hizo sentir una conexión muy fuerte con ellos, incluso en algún momento de la vida pensé en ser veterinaria, pero solo el hecho de imaginar una complicación médica o algo similar, me detuvo.
Estudié publicidad y diseño, la creatividad fue algo que siempre llamó mi atención, pero cuando empecé a trabajar en ese medio no me sentía completa, era algo que no me llenaba del todo.
Sin embargo, mi conocimiento en fotografía en la publicidad y varios meses de análisis me llevaron a profundizar mis estudios, aprendí a hacer fotos de: alimentos, productos, paisaje, retrato, entre otros. Aun así, ese vacío seguía ahí presente.
Un día, haciendo fotos de producto, mis perritos curiosos se acercaron a ver qué era lo que hacía, tenía mi cámara lista, y sin pensarlo dos veces les tomé una foto, en ese instante todo cambió.
Ahí fue que todo tuvo sentido y entendí que juntar mis dos pasiones podía ser la clave para recorrer este camino, la fotografía y el amor hacia los peluditos. Desde entonces, empecé a fotografiarlos y ¡vaya que ha sido una experiencia increíble!, porque definitivamente hacer lo que uno ama, lo que a uno le apasiona, se convierte en esa motivación para no desistir.
Sin duda, trabajar con animales es lo más lindo que me ha podido pasar, recibir su cariño y amor es algo indescriptible. Ahora me siento completa, feliz y con una misión de vida.